martes, 9 de febrero de 2016

Historias: El drama de un italiano que sufrió un robo brutal en Once


Carlo Iannuzzi (29) llegó a Buenos Aires en marzo. En noviembre lo asaltaron y quedó en coma. No recuerda nada de lo que vivió en el país ni de lo que le pasó. Ahora lucha por recuperarse.

Hace casi exactamente 11 meses, Mariolina miraba el Mediterráneo desde su pueblo, en la suela de la bota itálica, y ni ante la siempre tentadora inmensidad comprendía qué fuerza había impulsado a su hijo mayor, Carlo Iannuzzi, a cruzar ese mar y luego el océano hasta llegar a una ciudad tan lejana y misteriosa –aunque un poco tana– como Buenos Aires. Ahora que está aquí lo entiende menos. Cuando salió de urgencia de su pueblito calabrés sentía odio por el lugar al que venía. Ya se le fue, a pesar de que Carlo casi muere y ahora no recuerda a qué vino, ni por qué, ni de dónde le había nacido esa fascinación que lo llevó a pegar un mapa de Argentina en su dormitorio y luego a mudarse aquí. Alguien, en esta capital rioplatense que tanto anhelaba, le borró de varios golpes demenciales en la cabeza todo lo que contenía el disco rígido de su memoria.

No es mucho más lo que se sabe. Salvo que Carlo (29) fue víctima de una golpiza y el posterior robo de su mochila en un episodio confuso ocurrido a las 3.25 de la madrugada del 27 de noviembre pasado en el barrio de Once, casi Abasto. Está vivo porque, después de todo, tuvo algo de suerte. Un hombre lo vio ensangrentado e inconsciente en la calle Perón al 3300, avisó al SAME y los médicos del Ramos Mejía lo operaron y le salvaron la vida después de encontrarle un edema cerebral muy grave. No hubo ningún milagro.

Después de días en coma inducido y dos semanas en terapia intensiva en el Hospital Italiano (fue trasladado allí con la ayuda del consulado de su país), este 2 de febrero salió bien de una operación de reconstrucción de su cráneo y ahora lucha como un gladiador romano en una clínica del barrio de Flores para volver a tener dominio sobre el costado izquierdo de su cuerpo, mientras Mariolina, Elio (su hermano menor, de 27 años) y su amiga Marina Brattoli lo acompañan y le ayudan a ejercitar el territorio más amenazado de su cuerpo: la memoria.

“El soñaba con conocer Argentina como otros tantos italianos a los que nos encanta este país y vinimos”, cuenta Marina, oriunda del pueblo de Molfetta, en la región de Puglia, y que conoció a Carlo en Buenos Aires, en esas reuniones de viajeros y nuevos migrantes que existen desde los tiempos de nuestros bisabuelos. “No sabemos qué lo enloquecía tanto de Argentina. El decía que era joven y que era tiempo de viajar y de conocer el mundo más allá de Europa. No quería quedarse sentado frente a su computadora laboral en Bologna”, relata Elio en su idioma natal, mientras Mariolina sonríe y se muerde el labio inferior y remarca que ella no quería que se fuera tan lontano (lejos).

El daño neurológico de la golpiza es grave. Carlo no recuerda nada de la etapa de su vida en Argentina, que arrancó el 5 marzo del año pasado después de mucho tiempo juntando dinero gracias a un trabajo que lo aburría en Bologna. Ahora se recupera lentamente de su drama neurológico, pero sus problemas de memoria aún incluyen hasta los sucesos inmediatos. A veces se olvida de que acabó de comer.

El trabajo más intenso de Mariolina es repetirle todo para darle fuerza al músculo encargado de los recuerdos. Le habla de su papá, Pino, que se quedó en su pueblo, Roccella Ionica; del azul del mar Jónico; y hasta de su viaje por la Quebrada de Humahuaca, que reconstruye gracias a lo que él le había contado a Marina. Una y otra vez. Mariolina sonríe de nuevo, exagera su cara de cansada y se tapa la cara cuando cuenta el trabajo de amor materno que le toca para que su hijo pueda perpetuar, otra vez, cierta información.

Es decir que Carlo, ingeniero informático, lógicamente tampoco recuerda que tras cinco meses y medio de viajar por el país y conocer Buenos Aires consiguió trabajo en AGEA como analista desarrollador de las aplicaciones para celulares de Deautos.com. Ni que la madrugada en que la historia de su vida dio un giro violento e imprevisible volvía en taxi de una celebración de fin de año con sus compañeros del laburo.

Por eso, hasta hace 10 días la investigación estaba quieta. La voz fundamental, la de la víctima, es puro silencio y no había otras pistas ni testigos que a esa hora de la madrugada hubieran visto algo en esa zona oscura de la Capital. Sin embargo, la fiscal del caso, Cinthia Oberlander, tuvo la cuota de suerte necesaria para dar un avance fundamental: una de las tres cámaras que pidió revisar tomó casi toda la secuencia en la que Carlo terminó inconsciente y al borde de la muerte.

Según una fuente judicial consultada por Clarín, en el expediente figura lo que registró la cámara de seguridad de un galpón ubicado sobre la calle Perón. El episodio filmado dura cinco minutos (entre las 3.21 y las 3.26 de la madrugada) y allí se ve cómo una pareja empieza a agredirlo tras caminar un trecho juntos, cómo Carlo se defiende y luego cae noqueado y cómo le roban la mochila. De acuerdo a las fuentes, los sospechosos estarían identificados (ver Un misterio...).

La violencia que sufrió Carlo colmó de bronca a sus familiares. Pero ahora que están a su lado, lo entienden de otra forma. “Le pudo pasar en cualquier lugar. Inicialmente, sobre todo mi mamá, tenía odio por Buenos Aires. Pero efectivamente, si uno piensa, esto puede suceder en Roma, Milano, Napoli y hasta en nuestro pequeño pueblo. El problema para ella era la lejanía”, explica Elio. 

Por eso lo que preocupa a Mariolina, más que encontrar a los culpables, es que Carlo continúe con la recuperación y que se recupere de la última operación. Si sigue mejorando, los médicos le dijeron a la familia que podrían volver a Italia en 15 días y continuar con la recuperación en Roma.

“En este momento no podemos pensar en otra cosa que en volver a casa. Con estar cerca de la familia y de los amigos alcanza”, suspira Mariolina. Y lo mismo piensa y siente Carlo.

A pesar de que le cuesta ubicarse en tiempo y espacio, hay algo que le vibra adentro y es la pulsión de volver al hogar, de reconstruir su identidad sobre la orilla azul del Mediterráneo junto con sus amigos, su padre, las calles y la comida de su pueblo. Lo dice su mamma: “Está contando los días para volver a Italia”. 

Fuente: http://www.clarin.com/policiales/drama-italiano-sufrio-brutal-Once_0_1517848547.html